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"¿Cómo mido mi inversión?" | Conceptos económicos que ayudan al empresario a responder esta pregunta.
 
"¿Cómo sé si está bien a lo que me estoy dedicando?", "¿Cómo puedo saber si tomo la decisión de inversión correcta?" En el trabajo de asesoría o en consultas cotidianas, son muchas las veces donde se plantean este tipo de preguntas respecto a cómo saber si la inversión realizada es la indicada, si rinde bien; si no convendría cerrar o invertir en otro tipo de negocio. Empresarios PyMES y de grandes empresas, manifiestan dudas o preocupación respecto a la posibilidad de estar invirtiendo en un sector, rubro o negocio que no sea el indicado, el más rentable, o el más adecuado a las expectativas de éxito de cada inversor .

La ciencia económica brinda muchos conceptos que clarifican sobre la cuestión y que resultan útiles como parámetros para poder formar una consideración de manera particular y personal. Existen infinidad de criterios para medir una inversión, su rentabilidad y los costos de la misma. Ninguna de estas nociones es abarcadora de una respuesta de manera total, sino que la suma de nociones nos va acercando a una visión de la decisión que tomamos, y esa visión nos permite comprenderla y sostenerla en el tiempo. Repasaremos las fuentes más importantes que nos permitan formar un criterio propio, buscando incorporar herramientas, que sumadas a nuestra experiencia y aprendizaje, nos acerquen día a día a percibir las decisiones de inversión como "las correctas".

El frío de los números – La utilidad del Cálculo
El cálculo posee una característica que no resiste competencia: su carácter cuantificable. Lo cual nos permite comparar, ordenar, medir. Llegar a un indicador mediante el cálculo, resulta la manera más certera de obtener una respuesta a las preguntas que se plantean. Generalmente en éste ámbito, no es donde se le presentan los mayores problemas a los empresarios; ya que todos por un método u otro tienen alguna noción de cuánto ganan. Así, muchas veces utilizan un criterio financiero de ingresos menos gastos; o una regla de tres simple respecto al capital invertido; o recurren a los métodos más tradicionales de cálculo de una inversión: calcular el valor presente neto (VAN), la tasa interna de retorno (TIR), calcular el período de recuperación y/o el índice de rentabilidad. Estos cuatro métodos tradicionales, derivan de los dos más rudimentarios o sencillos, por lo que para encararlos es necesario determinar sencillamente los tres flujos de efectivo que debe contemplar cualquier inversión incurrida: Los pagos a realizar como inversión inicial, los flujos de efectivo de pagos y cobros de operación anual del proyecto en cuestión, y los flujos de efectivo cuando haya terminado el proyecto. Hecho este cálculo o cash-flow del proyecto, puedo optar por cualquiera de los cuatro métodos para conseguir un resultado indicador.

Especificar el usual cálculo del VAN, la TIR o de los otros dos métodos enumerados, se aleja de los fines de este artículo; principalmente porque el detalle matemático de los métodos aporta comprensión práctica, pero no necesariamente teórica. Adicionalmente, para todos aquellos lectores que encuentren un interés en profundizar los métodos de cálculo, existen miles de páginas de internet donde se detallan el desarrollo de las fórmulas y los pasos para obtener el indicador en cuestión. No obstante, vale señalar que todos los cálculos de indicadores, ponderan o comparan respecto a un valor de rentabilidad de referencia: en algunos casos como valores externos al cálculo; en otros casos postulados como un valor de rentabilidad objetivo. Y este punto nos lleva a comprender que el análisis de la inversión no se completa con el mero cálculo, sino que requiere referencias externas, de entorno; que nos permitan ajustar el indicador al medio donde se desarrolla.

El éxito empresarial, no reside sólo en saber medir la inversión en términos cuantitativos de rentabilidad, sino en tener una visión del entorno, que permita sustentar decisiones, anticiparse a las vicisitudes que se presenten y generar las condiciones para liderar los cambios.

Lo que hubiese, si pasase, si hubiera
Gran parte de la duda o incertidumbre empresaria, se relaciona con el concepto económico de costo de oportunidad. Lo que verdaderamente quieren saber los empresarios, es "si se están perdiendo de algo" por tomar la decisión en la que invierten. El costo de oportunidad es el costo de la mejor decisión alternativa con relación a la decisión tomada; en otras palabras, siempre existe un costo a resignar frente a lo elegido. Ello implica que si el costo de oportunidad es muy superior respecto del beneficio de la decisión tomada, hubiera convenido optar por la alternativa. Existen al menos dos observaciones relevantes que pueden hacerse al respecto: por un lado se está contrastando la decisión a una comparación de entorno; y eso obliga al empresario a atender estas cuestiones. En este sentido, muchas veces se toma la tasa de interés pasiva del sector bancario para poder comparar el retorno de una inversión, o el rendimiento medio del mercado de capitales. Que el responsable de una decisión tome en cuenta estas consideraciones, como variables públicas de mercado o experiencias alternativas, fortalece su estrategia.

Pero por otro lado, la historia nos enseña infinitos casos donde el costo de oportunidad de una decisión indicaba inclinarse por la alternativa, y el devenir de los acontecimientos demostró lo contrario. El mundo muchas veces avanza mediante cambios de paradigmas impulsados por ir contra la corriente. En términos de inversión ambas cuestiones deberían ser tomadas en cuenta.

Arbitraje, Largo Plazo, Felicidad y Perspectivas
Los cuatro elementos que titulan el apartado no se relacionan; pero aportan elementos para identificar la incertidumbre empresaria, y comprendiéndola, no dejarse llevar por ella.

El notable economista Inglés David Ricardo, utilizó el concepto de arbitraje para explicar que en el mediano plazo, la tasa de ganancia o rentabilidad promedio de todos los negocios debe ser uniforme, porque en caso contrario todos optarían por volcarse al negocio más rentable y frente a ése escenario dicho negocio dejaría de serlo.

Por otra parte, numerosos estudios en Bolsas de Comercio, muestran cómo en un plazo de 20 años el resultado de las inversiones suele ser positivo. Esto se relaciona con el hecho de que, las crisis en los sistemas capitalistas, aún las más pronunciadas de la historia, nunca implicaron caídas en plazos muy superiores a un lustro. En algún momento del tiempo, las mismas condiciones económicas de las crisis, generan las señales o el escenario para volver a arrojar resultados positivos.

Este punto merece total atención, porque no implica no percatarse de los fracasos y costos de las crisis, sino que también implica comprender que una inversión no se ejecuta a perpetuidad, sino que requiere atención permanente, cuyo resultado debe medirse al final y en él mientras tanto.

Agregando otro foco a la cuestión, el economista Angus Deaton y el Psicólogo premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, realizaron un encuesta de 450.000 casos y concluyeron que en general los seres humanos son bastante más felices a medida que tienen más dinero, pero sólo hasta cierto punto. "Nosotros concluimos que los altos ingresos compran satisfacción pero no felicidad", aseguraron Daniel Kahneman y Angus Deaton, del Centro de Salud y Bienestar de la Universidad de Princeton. "La sensación de bienestar sube con el ingreso, pero sólo hasta cerca de los U$D 75.000 el año", según el estudio. El análisis arrojó que las personas evaluaban mejor su vida cuanto más dinero ganaban.

Sin embargo, mientras que el grado de satisfacción general aumentaba con los ingresos, el bienestar emocional del día a día no aumentaba con un ingreso superior a los U$D 75.000. "De ello concluimos que el dinero compra la satisfacción, pero no la felicidad". "Quizás U$D 75.000 es un umbral más allá del cual los incrementos adicionales no generan mejoras en la capacidad de los individuos de hacer aquello que más le importa, y mejora o contribuye a su bienestar emocional, como pasar tiempo con la gente que les gusta, evitar sufrimientos, enfermedades, y disfrutar del ocio",

Sintetizado, no hay razones para discutir una medida netamente monetaria de la decisión de inversión; pero tener en cuenta otras aristas contribuye a fortalecer trayectorias, estrategias y posiciones.

Por último puede agregarse al análisis el rol de las diferentes perspectivas, la anterior cita de Daniel Kahneman invita a repasar el trabajo por el que obtuvo el premio Nobel, dado que su teoría de las perspectivas, arroja luz sobre la temática de este artículo.

En su trabajo conjunto con Amos Tversky, describieron cómo las personas toman sus decisiones frente a alternativas que involucran riesgo, como las decisiones financieras. Desde la evidencia empírica, demostraron que los individuos evalúan diferente el potencial de pérdidas y ganancias, aun cuando analíticamente resultarían similares.

Todo el tiempo estamos tomando decisiones; sin embargo, en determinadas ocasiones ninguna de las alternativas que se nos presentan nos genera mayor satisfacción al estado actual; por lo tanto, preferimos continuar con el mismo nivel de satisfacción. Esta descripción conocida como anomalía del statu quo, agrega un elemento importante a la hora de considerar una decisión frente a otras alternativas.

Muchas veces la falta de acción es más costosa que el error.
Los empresarios que manifiestan incertidumbre respecto a sus decisiones o inversiones, muchas veces no valoran las alternativas tomando en consideración todas las variables que interfieren en el análisis.

Es muy probable que analizada la inversión punto a punto, existan condiciones adversas a nuestras decisiones, pero visto de una perspectiva general y tomando en consideración muchos de estos conceptos, es difícil que se esté lejos de decidir "lo correcto".

A modo de síntesis, puede verse cómo existen considerables conceptos económicos que sin relacionarse, arrojan perspectivas que resultan útiles para analizar una inversión o decisión empresarial. Sin dejar de medir lo cuantitativo, contemplar estos conceptos puede ayudar a reducir la incertidumbre y generar un pensamiento estratégico sólido y consistente. Asignarle un valor relativo, similar al rendimiento, nos acerca a un tipo de éxito más pleno y duradero.